Culiacán Sin.- Dos años de guerra es demasiado tiempo. La situación hoy es más desesperante. Pese a la creciente llegada de cuerpos de seguridad, pese a múltiples estrategias y acciones para lograr la paz, el problema es cada vez de mayor dimensión. Las autoridades federales insisten en afirmar que la delincuencia va a la baja y que se ha normalizado la vida cotidiana en la entidad. Pero todo ello es falso.
La presidenta Sheinbaum debe admitir que en Sinaloa las cosas están muy mal. Las autoridades locales hace tiempo que están totalmente rebasadas por una delincuencia que actúa con impunidad en contra de quien sea y en cualquier lugar. Demasiada gente inocente ha perdido la vida o sus bienes. Pero la sociedad perdió su tranquilidad.
El gobierno de Sheinbaum debe solicitar la desaparición de poderes en la entidad, y nombrar un gobierno sustituto que pueda recuperar la seguridad pública, reactivar la economía regional y cohesionar a una sociedad que está fracturada, muy herida y profundamente irritada por la situación que aún prevalece.
El Poder Ejecutivo estatal ya perdió el control sobre los acontecimientos. Solo es parte del problema y no de la solución. Las dependencias públicas están paralizadas, no cumplen su función. El Poder Legislativo es omiso ante todo lo que sucede, y el Poder Judicial no imparte justicia, pero sí tolera abiertamente la impunidad. En tanto, en Sinaloa continúa el deterioro. La inseguridad pública, los asesinatos, el robo de vehículos, las desapariciones y el ataque a viviendas y comercios, lejos de disminuir, se incrementan día a día.
A lo largo de estos dos años de grave crisis, todo ha sido fracaso tras fracaso. Y el principal indicador ahí está: hoy la inseguridad pública aún es la principal inquietud de las familias. Existe un miedo generalizado y un hartazgo creciente. Todo es un verdadero desastre. Se siguen cerrando cientos de negocios, el desempleo crece, los problemas sociales aumentan y la economía regional está en ruinas. Y todos se preguntan: ¿quién manda aquí? ¿Quién gobierna?
Sinaloa no puede aceptar mayor deterioro y sufrimiento. Las familias, de todos los estratos socioeconómicos, aún padecen las consecuencias de la impunidad y de la falta de acción por parte de las autoridades. Sinaloa no merece morir, no merece joderse más. Hay que decir ya basta. ¡Por favor, presidenta Sheinbaum, atienda a los sinaloenses! ¿O tendremos que pedírselo a Trump?
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