Su trayectoria en temas de justicia, migración y Estado de derecho la llevó a convertirse en primera vicepresidenta del Parlamento Europeo en 2020
Su trayectoria en temas de justicia, migración y Estado de derecho la llevó a convertirse en primera vicepresidenta del Parlamento Europeo en 2020

Ante las falsas ilusiones que intentan vender quienes promueven soluciones fáciles ante problemas complejos, que impulsan la cerrazón y el autoritarismo como un falso remedio ante la incertidumbre, se asoman figuras convencidas de que la única manera de contrarrestar esta amenaza es pelear por la democracia, el Estado de derecho y la libertad.
La lista es más pequeña de lo que debería ser, lo que hace más honorable a los nombres que aparecen en ella. Pero quien quiera conocer más sobre alguna de estas personas ilustres inevitablemente se encontrará con Roberta Metsola, actual presidenta del Parlamento Europeo y quien se ha convertido en una de las figuras institucionales más visibles de la Unión Europea (UE) por su insistente defensa de los valores que el viejo continente dice mantener en alto.
A diferencia de otros líderes que llegaron a esas instancias después de dirigir un gobierno nacional, la carrera de Metsola se ha desarrollado casi por completo dentro de las instituciones europeas, específicamente en el Parlamento Europeo, en donde su voz tiene cada vez más peso por la manera abierta en la que se ha pronunciado a favor de lo que la unión debe representar.
Su idea es clara: “Europa merece ser defendida”. En un momento en el que el mundo se enfrenta a cada vez más desafíos, que tiene cada vez más frentes abiertos, ella ha pedido de forma enérgica que se ponga por delante el modelo de democracia liberal que busca proteger a las minorías, asegurar la participación de los ciudadanos en la vida política y poner por delante de todo la libertad de las personas.
A pesar de su optimismo, está claro que la presidenta del parlamento está consciente de los retos a los que se enfrenta. En octubre de 2023, Metsola lanzó el reto desde el anfiteatro Richelieu, en la Sorbona de París, en Francia. Ocho meses antes de la elección europea que definiría el futuro inmediato de la UE, la maltesa cuestionó de forma dura a los franceses que se reunieron aquella tarde para escucharla.
“¿Son nuestras democracias lo bastante fuertes para responder a amenazas totales? ¿Pueden nuestra economía abierta y nuestro Estado de derecho resistir los ataques? ¿Debe regir la ‘ley del más fuerte’ en las relaciones internacionales? Son preguntas vitales para Europa. No nos queda más remedio que defender nuestra civilización con firmeza y valentía”.
Desde muy joven, Metsola, quien nació el 18 de enero de 1979 en St. Julian's, Malta, participó en organizaciones estudiantiles vinculadas al proyecto europeo, especialmente como activista del Partit Nazzjonalista, movimiento reconocido por su postura favorable a la integración europea. Durante los años previos a la adhesión de Malta a la UE, defendió activamente la incorporación del país al bloque, una posición que entonces dividía profundamente a la política maltesa.
Ese episodio marcó buena parte de su identidad política. Para ella, la integración europea dejó de ser únicamente un asunto económico para convertirse en un proyecto político basado en instituciones comunes, reglas compartidas y valores que debían ser mantenidos.
Después de estudiar derecho en la Universidad de Malta, hizo una maestría en el Colegio de Europa, una institución considerada una de las principales canteras de funcionarios y dirigentes europeos. Al terminar, intentó convertirse en eurodiputada en 2004 y nuevamente en 2009, pero no obtuvo suficientes votos.
Lejos de abandonar la política, trabajó entre 2004 y 2012 como asesora del gobierno maltés y posteriormente como asesora jurídica en instituciones de la UE. Esa experiencia administrativa le permitió construir una reputación como especialista en asuntos europeos antes de ganar finalmente un escaño en el Parlamento Europeo en 2013. Desde entonces ha sido reelegida en todas las elecciones europeas.
Dentro del Parlamento Europeo, Metsola fue adquiriendo reconocimiento en temas de justicia, migración, Estado de derecho y relaciones exteriores hasta que en 2020 fue elegida primera vicepresidenta del órgano.
Dos años después llegó su punto de inflexión, cuando en enero de 2022, tras el fallecimiento del entonces presidente, David Sassoli, Metsola asumió la presidencia interina y pocos días después fue elegida formalmente presidenta del Parlamento Europeo, justamente el día de su cumpleaños número 43. En julio de 2024 fue reelecta con 562 votos.
Su mandato al frente del parlamento no ha sido precisamente sencillo. Por el contrario, se ha tenido que enfrentar a algunos de los desafíos más complejos y críticos para Europa en los últimos años. El ejemplo más recordado es el de la invasión de Rusia a Ucrania que estalló pocas semanas después de que ella asumiera el cargo.
Su reacción fue inmediata. Metsola fue una de las primeras altas autoridades de la UE en viajar a Kiev tras el inicio de la guerra. Desde entonces ha defendido constantemente el respaldo militar y financiero de Europa a Ucrania, ha impulsado la eventual adhesión ucraniana a la unión y ha mantenido su defensa del orden internacional basado en reglas. Su valentía la convirtió en una de las caras más visibles de la respuesta política europea frente a Rusia.
Durante su mandato también ha buscado fortalecer el papel del parlamento frente a otras instituciones comunitarias. Con frecuencia sostiene que la única institución elegida directamente por los ciudadanos europeos debe tener un papel central en la toma de decisiones de la Unión.
Un elemento que está presente de forma casi permanente en su discurso es la defensa de la democracia, algo que siempre va de la mano con otros dos elementos fundamentales para ella, el Estado de derecho y la integración europea. Esto es más necesario que nunca cuando vivimos tiempos en los que abundan amenazas claras como el autoritarismo, la desinformación, los ataques contra la independencia judicial y los intentos por debilitar las instituciones, por mencionar sólo algunos.
Tras ser reelecta en 2024, Metsola alertó sobre el aumento de la polarización y pidió abandonar la lógica política de "suma cero", argumentando que las instituciones democráticas deben representar incluso a quienes discrepan profundamente entre sí.
La maltesa también ha defendido que el Estado de derecho no puede aplicarse selectivamente según el país o el gobierno de turno, una posición que la ha llevado a respaldar las acciones de la UE frente a gobiernos señalados por debilitar la independencia judicial, como los de Hungría y, en distintos momentos, Polonia.
Observadores europeos la describen como una dirigente pragmática y con capacidad para construir consensos. Aunque pertenece al Partido Popular Europeo (PPE) de centroderecha, ella ha logrado obtener respaldo frecuente de socialdemócratas, liberales y verdes para asuntos institucionales. Buena parte de su influencia proviene precisamente de esa capacidad para articular mayorías dentro de un parlamento cada vez más fragmentado.
Algo que es raro en estos tiempos es que Metsola no ha enfrentado ninguna acusación mayor. No tiene procesos ni acusaciones de corrupción en su contra, lo que no quiere decir que no se haya visto envuelta en varias controversias. En específico, su postura sobre el aborto es probablemente la más conocida.
Malta mantiene una de las legislaciones más restrictivas de Europa en materia de aborto. Antes de convertirse en presidenta del Parlamento, Metsola votó en varias ocasiones contra resoluciones europeas que promovían un mayor acceso al aborto seguro.
Ese historial generó críticas cuando fue elegida presidenta. Sin embargo, demostró su institucionalidad una vez que llegó a la presidencia, cuando afirmó que, independientemente de sus convicciones personales, defendería la posición oficial del Parlamento Europeo, favorable a los derechos sexuales y reproductivos reconocidos por la institución.
En un contexto de ascenso de fuerzas euro-escépticas y nacionalistas, su discurso insiste en que la democracia liberal europea depende de instituciones parlamentarias fuertes, de la independencia judicial y de una integración política más profunda. Escucharla de forma tan clara y contundente sólo puede generar esperanza entre quienes creemos que, en efecto, este debe ser el camino.
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