Los vientos de las costas de Génova, en la región de Liguria al norte de Italia, que también vieron partir al rememorado cantautor Fabrizio de André, ahora mueven nuevamente las velas de la centroizquierda europea que intenta regresar sus valores de inclusión, pluralidad y un mercado regulado a los gobiernos del continente.
Entre estas corrientes que buscan un buen muelle en el que atracar sobresale Silvia Salis, alcaldesa de la ciudad portuaria italiana que apareció en 2025 impulsada por la coalición de centroizquierda del Partido Democrático (PD), el Movimento 5 Stelle (M5) y la Alleanza Verdi e Sinistra (AVS) que encontraron en la exatleta olímpica una apuesta innovadora, que su falta de escándalos y su evidente carisma la convirtieron en una apuesta de bajo riesgo y, además de todo, que no se achicó ante el gobierno de centroderecha encabezado por la primera ministra, Giorgia Melloni.
El ascenso de Salis fue rápido y, contrario al de otros políticos tradicionales, no llegó por parte de los partidos, sindicatos o algún otra organización social que la llevara a ser reconocida en las fábricas, las banquetas de su ciudad o en los bares en los que sus paisanos desayunan un capuccino y un brioche. Por el contrario, la fama de la alcaldesa le llegó por ser una de las mayores figuras olímpicas italianas que dominaba el lanzamiento de martillo a nivel nacional.
Originaria de Génova, en donde nació el 17 de septiembre de 1985, la exatleta ganó 10 titulos nacionales en su disciplina, lo que la llevó a competir en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y en Londres 2012. La falta de un podio que poder presumir no evitaron que siguiera arrojando esa bola metálica de cuatro kilos durante tres años más, hasta que en 2016 una alteración de la sínfisis púbica, que provoca un gran dolor en la pelvis, la vio obligada a retirarse antes de poder ir a Río 2016. Las lesiones, esas grandes maldiciones de los atletas, la obligaron a moverse a un nuevo terreno igual de exigente, pero en el que la competencia no es tan evidente como en una competencia oficial.
Después de colgar el martillo, Salis se integró en estructuras de gestión federativa y olímpica como miembro del Consejo Federal de la Federación Italiana de Atletismo (FIDAL) y del Consejo Nacional del Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI), donde llegó a ser vicepresidenta del propio CONI, con lo que la exatleta no sólo dio un primer de peso institucional dentro del sistema deportivo italiano, sino que también destacó por ser la primera mujer en ocupar la vicepresidencia del comité olímpico italiano, algo que no es menor en una estructura fuertemente dominada por los hombres.
Será por la falta de espacio para crecer, o por una oferta inesperada, Salis decidió salir del organismo olímpico italiano para buscar la alcaldía de su ciudad. El haber estudiado Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la universidad Link Campus, en Roma, hacen pensar que alguna vez estuvo en sus planes seguir ese camino. Contrario al martillo que deja las manos de los lanzadores para aterrizar lo más lejos posible, ella se negó a despegarse de su lugar de origen, al menos por el momento.
Su victoria en 2025, en la que derrotó al candidato de centroderecha Pietro Piciocchi, respaldado por la coalición de Meloni, no pasó desapercibida por la prensa italiana e internacional. Salis logró recuperar Génova para la centroizquierda después de ocho años de haber sido gobernada por la centroderecha, además de que su candidatura unió a una oposición previamente fragmentada además de que demostró ser competitiva en el terreno electoral.
Las voces que reclamaron una falta de experiencia política no se hicieron esperar. Ese constante choque entre quienes exigen a los jóvenes involucrarse en política, pero que tampoco están contentos con que lleguen caras nuevas e “inexpertas” a posiciones de poder no conoce fronteras, ni cambios de idioma, con lo que se hace inevitable recordar la letra del genovés de André, que recitaba en Quello che non ho.
Eso que no tengo es tener que salirme con la mía
Eso que no tengo es eso que me hace falta
Eso que no tengo son tus palabras
Para ganarme el cielo y conquistar el sol
Y si bien la alcaldesa apenas lleva un poco más de un año al frente de la ciudad, ya ha dado destellos que, cuando menos, confirman que por lo menos sus posturas se han quedado firmes, y no son del todo reprochables.
En una era en la que la dureza y la intolerancia atraen a cada vez más votantes, ella se presenta a sí misma como católica, madre y mujer de familia, pero subraya que ese modelo de vida no debe imponerse a nadie. Esa tolerancia a la pluralidad, pilar de una democracia liberal, regresa, al menos por unos momentos, la esperanza de que no todo está perdido.
Algo que no debería de extrañarnos es que, contrario a muchos otros políticos, Salis ha logrado impulsar algunos de sus ideales, como su irrenunciable apoyo a los derechos de la comunidad LGBT, en sus políticas como alcaldesa, desde donde ha respaldado con sus posturas en favor de la regularización de familias con hijos de parejas del mismo sexo en Génova.
En su abierta intención de regresar a la socialdemocracia tradicional europea, la alcaldesa también ha declarado su firme creencia en que “el desarrollo económico y la justicia social pueden coexistir”, con lo que demuestra que acepta el libre mercado, pero deja en claro que este debe de operar con reglas que aseguren que se va a beneficiar a todos y no sólo a minorías para que se pueden enriquecer sin límites.
Para esto, la alcaldesa también ha defendido medidas como la creación de un salario mínimo en Italia (algo que no existe por el momento), por lo que ha señalado que se deben de garantizar los derechos y la estabilidad para asegurar condiciones laborales y garantías básicas para los trabajadores, a quienes se les debe de asegurar un empleo de calidad, mejores servicios sociales y una calidad de vida mínima.
En el lado alentador de la alcaldesa también encontramos una fuerte defensa precisamente de la democracia liberal, en la que Salis se ha mostrado como una fiel creyente del sistema parlamentario, la división de poderes y de los derechos civiles. Como muestra, la alcaldesa ha pedido, sobre todo, respeto entre adversarios al señalar que los funcionarios públicos, antes que nada, representan al Estado italiano, por lo que deben conducirse con responsabilidad.
Además, ha condenado la tentación autoritaria que nace dentro del sistema de libertades que busca mantener. En específico, ha dicho que el fascismo, ese que nació en tierras italianas y que tanta sangre costó, no siempre aparece como un régimen clásico, sino como una erosión lenta de libertades, marcado por la concentración de poder y por el desprecio por la separación de poderes.
Por esto, Salis ha insistido en que la política debe ejercerse con respeto institucional y sin deslegitimar al adversario, algo que, dicho sea de paso, aprendió en sus días como competidora de lanzamiento de martillo, con lo que deja ver que no sólo llevó con ella la disciplina sino también el cuidado al momento de valorar a sus contrincantes.
En este mismo sentido de la defensa de eso que cada vez más políticos disfrutan en ver cómo se derrumba es la libertad de prensa, algo que la genovesa ha reconocido por su importancia. Tan sólo en marzo de este año, Salis criticó duramente los intentos de influir sobre la línea editorial de los periódicos, por lo que declaró que la derecha es “intolerante a cualquier tipo de control”.
En cuanto a lo poco que ha dejado ver en cuanto a sus posturas internacionales, aquí también se puede ver que está en plena concordancia con el discurso de la izquierda europea, toda vez que Salis ha sido una fuerte crítica de la política israelí en Gaza, e incluso ha hecho llamados a detener “el genocidio” que se lleva a cabo en la región. Sin embargo, se ha ido con cuidado al hablar sobre el tema al asegurar que “Génova no puede decidir si Palestina será un Estado reconocido a nivel internacional. Lo que sí puede decidir es quedarse callado, estar del lado de los civiles, estar del lado del derecho internacional, de la paz y de la dignidad humana”.
A pesar de ser todavía un perfil en construcción, su ascenso, como suele suceder, llevó a más de un periodista a ponerla en un tú por tú con Meloni, quien, después de haberse moderado en algunas posturas y de jugar un papel importante en mantener una postura europea firme ante el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha mantenido una buen reputación a nivel internacional.
Lo cierto es que mientras Meloni proviene de una tradición política con raíces en la derecha dura italiana, a pesar de que ha moderado algunos de esos aspectos pero que ha mantenido otros como el nacionalismo, Salis ha hecho del antifascismo democrático y de la defensa de las instituciones uno de sus prioridades. Esto, naturalmente, ha provocado que el discurso de Salis choque fuertemente, con el de la primera ministra, que toma como fundamentos para su política la familia, identidad nacional y orden público.
Y si bien Salis no es todavía una líder a nivel nacional, ni siquiera encabeza un aparato político, contrario a Meloni que sí es líder del conservador Fratelli di Italia (Hermanos de Italia), ya más de un italiano habla de ella como una fuerte contrincante para arrebatarle a la derecha italiana el gobierno próximamente. Habría que esperar para ver si su imagen, su cercanía con los jóvenes y sus políticas progresistas le son suficientes.
Mientras ese día llega, bien vale la pena recordar nuevamente a de André y su Crêuza de mä (Linde del mar) que le cantaba en genovés a su tierra de rostros cambiantes y desconocidos, esos rostros marineros que no se sabe de dónde vienen ni a dónde van pero que parten de los muelles de Génova con el reflejo de la luna junto a la panza de sus barcos.
Y en la barca del vino navegaremos sobre los escollos
Emigrantes de la risa, con clavos en los ojos
Hasta que la mañana crezca y se pueda retomar
Hermana de los claveles y de las muchachas
Dueña de la cuerda podrida de agua y sal
Que nos ata y nos lleva a una linde de mar.
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