El silencio cubrió la conversación entre los tres amigos. Después de que uno contó cómo le había escondido la herramienta a un compañero de obra que no dejaba de molestar, parecía difícil encontrar un tema de conversación que estuviera a la altura. Esto fue hasta que uno, el más alto de los tres, jaló ligeramente la sudadera gris que lo cubría y dijo con tono serio, “a mí me da un chingo de hambre en la madrugada”. Ante semejante declaración, …
