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Sinaloa: maquillando asesinatos y acumulando atrocidades

Al sumar estas categorías, el total de víctimas de la violencia letal se incrementó de forma aún más pronunciada que la registrada por el indicador tradicional del homicidio doloso

Causa en Común

En Sinaloa, el salto de la violencia letal entre 2024 y 2025 marca un quiebre que no se observaba en la última década. Tras años de descenso, el homicidio doloso prácticamente se duplicó en 2024 y volvió a crecer con fuerza en 2025.

Desde septiembre de 2024, cuando se intensificó la disputa entre grupos criminales, el promedio de asesinatos se ha mantenido por encima de cuatro diarios, alcanzando un pico de siete víctimas diarias en junio de 2025[1].

Ése fue el punto más alto en la última década, lo que implicó incrementos paralelos en feminicidios, desapariciones y “otros delitos contra la vida”.[2]

Al sumar estas categorías, el total de víctimas de la violencia letal se incrementó de forma aún más pronunciada que la registrada por el indicador tradicional del homicidio doloso.

Esta suma —que incluye homicidios dolosos, feminicidios, desapariciones y la categoría de “otros delitos contra la vida y la integridad”— revela una cifra más real de las muertes intencionales en la entidad.[3]


Elaboración propia, a partir de datos del SESNSP y del RNPDNO (2015-2025)

Sumado a lo anterior, en enero de 2026 un artículo publicado en Noroeste aportó evidencia de cómo esta expansión de la violencia letal en Sinaloa convive con prácticas de reclasificación y omisión de los homicidios.[4]

En diciembre de 2025, la fiscalía de Sinaloa reportó oficialmente 128 asesinatos —122 homicidios y seis feminicidios—, pero el recuento basado en los propios informes diarios de la institución arrojó al menos 137 privaciones de la vida que no fueron incorporados a la estadística criminal de dicho mes.

La omisión de cadáveres y restos humanos localizados en fosas clandestinas, personas heridas en enfrentamientos que murieron posteriormente en hospitales y la reclasificación de muertes dolosas bajo categorías ambiguas utilizadas por la fiscalía estatal, permitió reducir en 23% el número de homicidios reportados.

Incluso los asesinatos de policías han sido registrados bajo categorías que los excluyen del conteo principal. Cabe mencionar que, en 2025, Sinaloa se convirtió en la entidad con la mayor cantidad de agentes de seguridad pública asesinados, con un total de 48. Al cierre de abril de 2026, otros 15 elementos habían sido asesinados en la entidad.[5]

Entonces, cuando se presumen disminuciones en los asesinatos mientras aumentan las desapariciones y los “otros delitos contra la vida y la integridad”, y se eliminan o se retrasa la incorporación de muertes a las estadísticas, resulta evidente la manipulación con intencionalidad política.

Ahora bien, cuando a principios de año el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública cambió la metodología de registro de los homicidios, el gobierno del estado informó de una reducción de homicidios dolosos del 27% con respecto al mismo periodo de 2025, y 75% menos en la categoría de “otros”; además de  una reducción de 22%  en desaparecidos. Una vez más, Noroeste en cambio reporta 45% más asesinatos que los reconocidos por las autoridades.[6]

Por otra parte, en el informe “Galería del horror: atrocidades y eventos de alto impacto registrados en medios periodísticos”, elaborado por Causa en Común, se muestra que Sinaloa concentra desde 2025 la mayor cantidad de hechos de violencia extrema en el país.

Al cierre de ese año se registraron 641 atrocidades, incluidos asesinatos con tortura, fosas clandestinas, actos violentos contra la autoridad, terrorismo, descuartizamientos, cadáveres calcinados y asesinatos de mujeres con crueldad extrema. En el primer trimestre de este año, con todo y maquillajes, se  mantiene el liderazgo macabro de la entidad.


[1] Según las cifras de incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

[2] De acuerdo con la definición del SESNSP de 2015 a 2025, esta última categoría abarca, “entre otros”, los registros de víctimas de inducción o ayuda al suicidio, peligro de contagio e inseminación artificial no consentida. No sólo no es posible distinguir a qué delito corresponde cada víctima, dado que se mezclaban sin distinción en esta categoría, sino que tampoco se especificaba cuáles eran los “otros” delitos. La ambigüedad de la categoría se prestaba evidentemente para toda suerte de errores, malentendidos y/o abusos. Al respecto, véase: Causa en Común (2025), La transformación de los asesinatos en propaganda: una vista a los número de mexicanas que estaban… y que (con toda intención) ya no están. Disponible en: https://acortar.link/R009d7 A partir de 2026 se desagregaron las categorías de tentativa de homicidio y feminicidio, que a decir de la autoridad eran parte de las estadísticas de “otros”; sin embargo, esta desagregación no impactó en la definición de esa categoría residual que se mantiene en la nueva metodología a partir de 2026. 

[3] Los homicidios culposos (accidentes) se dejan fuera de la sumatoria, dado su carácter no intencional, lo que los distingue del resto de categorías. Además, el homicidio culposo en Sinaloa ha mantenido un comportamiento relativamente estable a lo largo de la última década. Véase: México Evalúa (2020). Fallas de origen. Disponible en: https://acortar.link/cCQbWT

[4] Adrián López Ortiz (2026), “Fiscalía de Sinaloa reduce 23% de homicidios omitiendo heridos y reclasificando asesinatos”, Noroeste. Disponible en: https://acortar.link/QUVYv2

[5] Véase: Causa en Común (2026), Registro de policías asesinados. Disponible en: https://www.causaencomun.org/registro-de-policias-asesinados

[6] Noroeste (2026). “Reporte diario construido por Noroeste con fuentes oficiales, colectivos de buscadoras y trabajo periodístico”.Disponible en: https://bit.ly/4eTSBzi

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