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¿A qué salió López Obrador a escena?

Historial. Se forma un consenso sobre la salida en falso de López Obrador la semana pasada. El apoyo a la presidenta en su carta a Trump aparece como un intento (fallido) de salvarse a sí mismo. El fuego del norte se aproxima a su historial de reales o presuntos arreglos con los cárteles. Pero estamos ante un ejemplo acabado de anticomunicación. Da tumbos que enturbian el objeto del mensaje y las audiencias en las que se propuso incidir.

Protector desprotegido. Sus conspirativas ‘revelaciones’ sobre quien gobierna en Estados Unidos (no Trump, afirmó, sino su equipo) reabrieron el tema de quién gobierna México. Y aquí AMLO dejó la percepción de que él está a cargo. Visual y verbalmente apareció cono sostén y protector de una gobernante urgida de ese apoyo. Pero el protector luce desprotegido, pese a los empeños en protegerlo desde la institución presidencial. Misión imposible, desde instituciones, todas, nacional e internacionalmente desacreditadas, degradadas por el propio régimen.

Aberrante ¿o no?  La recepción de la carta pareció a primera vista lo que Umberto Eco llamó una decodificación aberrante, aquella en que las audiencias interpretan los mensajes en sentido diferente o contrario al propuesto por el emisor. Pero enseguida vino la duda de si este emisor no se propuso generar justo una percepción de mando, en control todavía de todos los poderes del Estado, finalmente integrados por él.

¿Aturdido? O bien, el pejelagarto interior del expresidente salió a la superficie aturdido por la agitación en la ciénega, originada en las acciones de la justicia estadounidense contra ya tres gobernadores puestos por AMLO en presunta o evidente asociación con los cárteles. Gente del sinaloense Rocha ya depone en EU. Y Los Angeles Times sugiere que el sonorense Durazo y el tamaulipeco Villarreal también colaboran con la justicia del norte. Y eso aturde.

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