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La “inesperada” visita de Alfaro a Jalisco

Guadalajara, Jal.- Enrique Alfaro volvió a Jalisco para vivir el arranque del Mundial. Dijo que venía a ver futbol, pero también se reunió con el gobernador Pablo Lemus. Días después comenzaron a caer piezas importantes del aparato gubernamental. Más claro ni el agua del SIAPA.

Cuando rindió su último informe de gobierno se despidió como si hubiera ganado el Mundial. Con el pecho y el ego inflados, Enrique Alfaro se hincó, rezó y agradeció a las y los jaliscienses que depositaron su confianza en él… pero el día en que entregó la estafeta a Pablo Lemus, el exgobernador sólo cumplió el protocolo y enseguida tomó el primer vuelo a Madrid.

En realidad, el exmandatario estatal tenía mucho rato sin la mira puesta en Jalisco y todo el interés depositado en su verdadera pasión: el futbol. Sin disimulo alguno, la recta final de su gobierno se caracterizó por mostrar a un Alfaro muy distante de la gente y más cercano al balón. Su agenda, su mente, su estrategia, ni siquiera estaban en México. La concentración era España, país donde comenzó a estudiar para ser director técnico.

Así, con más pena que gloria, el emperador que prometió refundar el estado se autoexilió y se enfocó en su hobby, heredando a su sucesor una seria crisis de desapariciones, pésima planeación de proyectos (basta ver los casi mil millones de pesos invertidos en el Parque de la Solidaridad, al cual incluso le cambiaron el nombre) y la inolvidable impronta del enojo hacia sus críticos.

Tan grave fue el peso de sus decisiones, que estuvieron a nada de costarle la gubernatura al proyecto que él mismo inició.

Eso, sin contar que en Jalisco el proceso electoral 2024 estuvo enmarcado por un sinnúmero de quejas debido a su mala ejecución, y que al final se hicieron evidentes con un PREP que caminaba más lento que la descomposición del plástico, con boletas transportadas en bolsas de basura y una autoridad electoral que no hizo el mínimo esfuerzo por salir y explicarle a Jalisco la gravedad de estas omisiones.

Pese a ello, el exgobernador volvió a Jalisco. Y justo aquí, en una entrevista que concedió a una influencer, sostuvo que él pudo ser candidato a la Presidencia de México, pero que al ya haber cumplido sus metas en la política, debía darse un tiempo con su familia.

Luego se reunió con Pablo Lemus, quien afirmó que ambos comieron torta ahogada, hablaron de política, de familia y de su vida en España. Lo que ocurrió después fue una desbandada de funcionarios públicos que, casualidad o no, ocurrió justo en el marco de esta visita.

Juan Partida Morales, uno de los principales perfiles alfaristas, renunció sorpresivamente al Instituto de Pensiones del estado alegando motivos personales y familiares. Sin embargo, era sabido que no se sentía cómodo en el cargo desde que Lemus lo removió de la Secretaría de la Hacienda Pública. La relación terminó de tensarse cuando el gobernador frenó su intento de aumentarse el sueldo en 60 por ciento y crear más burocracia sin consultarlo previamente.

Luego están instituciones como la Comisión Estatal del Agua, el Instituto de Cancerología y el de Juventudes, que también cambiaron titular justo en la coyuntura de la visita del emperador.

Si uno fuera malpensado —que lo es—, supondría que estas renuncias están relacionadas con el diálogo político que hubo entre Lemus y Alfaro. Y como los malpensados suelen acertar más de lo que deberían, es probable que en aquella comida se hablara de mucho más que futbol, familia y la vida en España.

Porque un exgobernador como Alfaro puede mudarse de país, estudiar para director técnico y conceder entrevistas hablando de nuevas etapas personales. Lo que difícilmente deja de hacer es política. Y si algo dejó claro esta visita es que Enrique Alfaro podrá vivir en Madrid, pero sigue teniendo espacio en la dirección técnica de Jalisco.

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