EU tendrá elecciones intermedias en noviembre de este año y México en junio del año próximo. Tanto Trump como CSP se juegan en esas elecciones el futuro político de sus movimientos: MAGA y Morena.
Si bien las diferencias en el estilo personal de gobernar de Trump y CSP son muy notables, sus semejanzas lo son aún más.
Los dos necesitan, casi desesperadamente, controlar la narrativa. CSP desde de las mañaneras y Trump desde donde sea necesario. No toleran que nadie les compita por la agenda mediática.
El desmedido protagonismo de Trump en la final del Mundial, con un ninguneo total hacia CSP y Carney, muestra hasta dónde ha llegado el ego de los líderes carismáticos populistas de izquierda o derecha.
El rasgo más común entre Trump y CSP, y tal vez el más grave, es ya no sólo el desprecio por el Estado de derecho, sino la forma en que ambos intentan apropiarse de todos los aparatos de impartición de justicia. Ambos desean a toda costa, “hacer líquida” la división de poderes y fundirla en un solo poder: el suyo.
En este sentido CSP lo ha tenido mucho más fácil, AMLO ya le había allanado el camino al poder absoluto. A ella le correspondió solo el deshonroso papel de liquidar el Estado de derecho y el apropiamiento del Poder Judicial. Para Trump ha sido más complicado; los contrapesos reales del poder, tanto en el Legislativo como el Judicial, son un límite que Trump no ha podido sobrepasar como él quisiera.
Ahora que se reinstala, por fin, la realidad en el mundo, Trump tendrá que asumir que la campaña no será fácil; la guerra con Irán sigue sin resolverse, con los precios de los hidrocarburos aún muy altos, tiene a más de la mitad de los electores estadounidenses muy enojados. Para el ciudadano promedio, no el inversor bursátil, las consecuencias económicas han sido muy negativas y eso se reflejará en las urnas.
Trump va a necesitar argumentos, pero sobre todo acciones muy contundentes para convencer a EU de que sus políticas (económica, social, exterior, migratoria, etc.) son el camino más adecuado para EU. Y allí, peligrosamente, estará México.
Si nos atenemos a su personalidad e historial, Trump, lejos de dar marcha atrás a su estilo agresivo y confrontador, lo va a reafirmar y será, previsiblemente, mucho más extremo. ¿Cómo lo piensa enfrentar el gobierno mexicano? Porque el problema es que CSP no le da espacio a nadie en su gobierno, todos están reducidos a subsecretarios o simples encargados de despacho.
En un momento en que CSP necesita visibilizar a su equipo, repartir responsabilidades y procurarse algún acercamiento político con la oposición, la presidenta ha optado por un aislamiento y una centralización del poder aún mayor.
En el supuesto de que Trump pierda el control del Congreso, ¿Cómo enfrentaríamos dos años de gobierno de este hombre tan reactivo como violento? Casi prefiero que gane.
Pancho Graue
Recomendar Nota
