Los dos jefes históricos del Cártel de Sinaloa pasarán el resto de sus días en prisiones de Estados Unidos. Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada.
Esto, por sí mismo, ya es revelador de la incapacidad de procesarlos y hacerles pagar por sus crímenes en México.
El Chapo Guzmán se fugó dos veces de un penal de máxima seguridad, aunque hay que señalar que se logró su recaptura, aunque costó trabajo.
Su primera detención se realizó en el marco de las investigaciones del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido en Guadalajara el 24 de mayo de 1993.
En aquella ocasión fue un grupo especial de funcionarios y agentes de la PGR, que respondían directamente al procurador Jorge Carpizo, quienes se encargaron de la búsqueda y, en buena medida, a ello se debió el éxito de localizarlo en Guatemala y que las autoridades de aquel país lo capturaran y entregaran en la frontera con Chiapas.
Lo ingresaron en el penal de máxima seguridad de Almoloya, pero lo trasladaron a Puente Grande, en Jalisco, donde se escaparía y en dos ocasiones.
Al final se optó por extraditarlo a Estados Unidos donde era requerido por diversos delitos.
Con El Mayo Zambada más bien se lo llevaron a Estados Unidos donde Joaquín Guzmán López, su ahijado, lo entregó al FBI.
El asunto no está esclarecido y es uno de los puntos de fricción entre las agencias de EU y el gobierno mexicano.
Pero más allá de las formas, El Mayo Zambada acaba de ser condenado, por una corte de justicia en Nueva York, a cadena perpetua. Tiene 76 años y ya no regresará a Sinaloa. El Chapo Guzmán corrió con la misma suerte.
Con El Mayo Zambada todo fue muy rápido. Dos años desde que llegó a Nuevo México y ya está condenado. Esto fue posible porque desde el principio optó por colaborar con las autoridades.
Su vida a cambio de todo lo que sabe. Esos fueron los términos de la negociación.
El jefe del cártel, realista, explicó en la corte que “nadie va a ganar esta guerra”; ofreció disculpas y tendrá que pagar 15 mil millones de dólares.
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