La ley electoral está rebasada. Las precampañas iniciarán en enero del próximo año, pero en Morena ya tienen candidatos, aunque les llamen coordinadores de la transformación.
Desde hace años, el TEPJF emitió sentencias que respaldan, de algún modo, ese comportamiento, ya que los partidos son libres de proceder como les convenga en la construcción de los liderazgos, y mientras no se llame al voto, no hay mayor problema.
Por ello, en 2023, la Sala Superior ordenó a los consejeros electorales que emitieran lineamientos para que los procesos de las corcholatas y los del Frente Amplio por México no se salieran de cauce.
Una de las cuestiones más relevantes consistió en revisar el financiamiento en esa etapa, además de sujetar, de algún modo, la competencia de ambos polos en sus propias áreas de influencia y con sus militancias.
Se logró a medias, pero en el caso del FAM se avanzó en lo que, con el tiempo, habría sido algo parecido a las convenciones, un ejercicio entre aliados para lograr consolidar candidaturas, pero con amplia participación ciudadana. La realidad política y el tsunami de aquella contienda dejaron guardado esto en un cajón, pero no deja de ser una buena idea.
Ahora lo que apremia es 2027 y Morena va con pasos adelantados, de ahí que para la oposición sea el momento de proceder en consecuencia. No hacerlo es suicida, porque el tiempo es valioso para consolidar propuestas y candidaturas.
El primer dilema, y quizá el más relevante, es el de resolver la cuestión de la alianza.
Los números indican que no es un asunto menor, y sobre todo si se analiza el comportamiento del voto por distritos a lo largo de las últimas elecciones.
Más allá de cuestiones ideológicas, al PAN sí le va mejor acompañado del PRI en la votación en zonas clave, y este último partido requiere de los azules para ganar donde tiene ventaja, pero no potencia.
Son unas 70 demarcaciones en las que solo la suma de ambos partidos puede derrotar a Morena y sus aliados, porque hay una paradoja: son los distritos donde la fuerza opositora es mayoritaria, pero termina ganando el oficialismo, y es más o menos obvio por qué ocurre así. En Unidos Somos Futuro (USF) se encargó un estudio al respecto que elaboraron Nicolás Loza y Diego Monroy que da muchas pistas al respecto.
Las definiciones de las gubernaturas son centrales en toda esta historia. En Morena lo saben y trabajan en ello; la oposición debería tomar cartas en el asunto.
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