El senador Manuel Velasco, calculador como suele ser, colocó al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, como uno de los prospectos a buscar la Presidencia de la República en 2030.
Su argumento central: la popularidad del jefe policíaco, que comparó con la que tuvo, en su momento, Pedro Infante.
El líder del Verde matizó y señaló que los tiempos apuntan a 2027, pero ahí dejó el planteamiento que, por lo demás, gravita entre expertos y aficionados a pronosticar el futuro.
Velasco quizá no midió el flaco favor que le hizo a García Harfuch, porque con sus reflexiones acentúa los rechazos que ya tiene el responsable de la seguridad, entre los grupos más radicales de Morena.
A García Harfuch no lo quieren, porque lo ven con sospecha: no es uno de ellos.
En efecto, el también senador con licencia proviene de una familia de dos raíces, la militar y la política, que se emplomaron con la carrera de su padre, Javier García Paniagua, líder del PRI, pero también jefe de la Dirección Federal de Seguridad.
Quizá porque conoció las inclemencias de la política, García Harfuch optó por la carrera policial, destacando en la Policía Federal y escalando posiciones ya cercanas al poder, desde su designación como secretario de Seguridad en la Ciudad de México.
En la actualidad tiene una buena imagen, pero esta puede ser abollada por el fuego amigo. Ya le impidieron contender por la Jefatura de Gobierno e intentarán cerrarle el paso, si es que fuera él el elegido para mantener la Presidencia de la República, algo más que dudoso y más bien producto de las fiebres futuristas.
Pero es interesante que lo compare Velasco con Pedro Infante, no porque eso defina a García Harfuch, que no lo hace, sino porque revela lo que le interesa al partido Verde, donde el proyecto es el que les garantice seguir aumentando posiciones, como lo intentarán en 2027.
García Harfuch, de modo inteligente, se deslindó de destapes prematuros y recordó que su trabajo es técnico, que está empeñado en dar resultados. Ya veremos.
Velasco, por lo demás, tiene una carga sentimental al respecto, y tiene que ver con su abuelo, quien además de gobernador de Chiapas, fue un gran médico.
Manuel Velasco Suárez le salvó la vida a Pedro Infante en 1949. El ídolo del cine había sufrido un accidente aéreo cuando viajaba a la Ciudad de México desde Acapulco.
Pedro piloteaba y solo iba con él su entonces pareja, Lupita Torrentera, cuando los instrumentos de navegación fallaron y la avioneta perdió el rumbo. Cerca de Zitácuaro, Michoacán, se quedaron sin combustible y aterrizaron de emergencia.
Pedro, muy mal herido, tuvo el reflejo de sacar de los restos de la aeronave a Lupita. Era el 22 de mayo.
Dos días después, Velasco Suárez operó a Pedro y tuvo que colocarle una placa de titanio en la frente, una proeza médica en aquellos años.
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