...

Información para decidir con libertad

Ecos del Tratado de Libre Comercio

A dos semanas de iniciarse el proceso formal que determine la trayectoria que seguirá el T-MEC en los próximos años (revisión anual o vía libre hasta 2042), el panorama es incierto. A ello ha contribuido la ambivalente declaración del presidente Trump en el sentido “que preferiría no tener el T-MEC . . . insinuando la posibilidad de no renovarlo”. Independientemente de esto, el 1 de julio es el punto de partida para evaluar u opinar sobre el funcionamiento de ese instrumento y resolver, por consiguiente, sobre su posible extensión y modalidades que asumiría. Parecería, según la opinión de ciertos analistas, que la decisión final del gobierno estadounidense será la revisión anual. No sería la catástrofe, pero abonaría poco a la certidumbre con que se ha venido operando desde 1994.

Aunque “la nostalgia no es una estrategia”, como lo expresara el primer ministro de Canadá, conviene recordar que se hizo 32 años atrás cuando se aprobó el TLC entre México, Estados Unidos y Canadá. Recordar lleva inevitablemente a comparar y, en ese terreno, se aprecian grandes diferencias en las formas de proceder, la estructura utilizada y las ideas que en cierta medida alimentaron todo el proceso.

*  *  *

En formas de proceder habría que destacar la buena relación que privó entre los respectivos gobernantes; Bush padre y Salinas se entendieron bien. No por simple simpatía personal, sino por la persuasión que el gobierno mexicano logró sobre la Casa Blanca y su staff. Fue un trabajo de equipo, tendiente a demostrar lo que serían ventajas recíprocas, no obstante el déficit histórico que exhibía la balanza comercial. Sólo en 1993, sobre un comercio bilateral de 91 mil millones de dólares (mmd), México tuvo un déficit de 5 mil.

Para preparar el planteamiento a Estados Unidos, México diseñó una estructura eficaz. Primordialmente hubo una pieza clave, con autoridad suficiente: el secretario de Comercio. En los preámbulos de la decisión, Serra Puche se apoyó en el Consejo Asesor para las Negociaciones Comerciales. Allí estuvo representado el “todo México” de la época: los sectores empresarial, agropecuario, académico, laboral y público; cada uno de ellos con representantes por rama o especialidad. Junto con el consejo, y también con el carácter de consultoría, figuró la Coordinación de Organismos Empresariales de Comercio Exterior (COECE), instancia a partir de la cual se estableció el “cuarto de junto”, posiblemente el grupo de mayor influencia en las decisiones que se adoptaron.

En tercer término estuvieron las ideas. El TLC  generó un intenso debate sobre los beneficios o perdidas que podrían obtenerse una vez implantado. La posición favorable, situada naturalmente en el espacio gubernamental, se extendió a la mayor parte de los representantes de los sectores.

Esto incluyó a intelectuales y académicos que ya visualizaban, desde aquel momento, los logros que han resultado tangibles en las más de tres décadas de vigencia del TLC y el T-MEC.

Conclusión: 32 años después, el intercambio con Estados Unidos se incrementó radicalmente. Inclusive, algunas críticas acres de aquel tiempo han tenido que reconocer su equívoco: dígalo o no, el dato de 2025: México exportó a Estados Unidos 534 mil mdd; a la inversa, Estados Unidos a México, 337 mil. Un intercambio conjunto de 971 mil mdd. Un comercio que ¡se multiplicó por un factor de 11! México, con un superávit de 197 mil mdd. Como se dijo inicialmente, “recordar lleva inevitablemente a comparar” con lo que se está haciendo ahora ¿qué tan diferente es a lo que se hizo? Renato Leduc dixit: “Sabia virtud de conocer el tiempo”.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp