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El Día del Padre 1986

Muchas veces nos íbamos corriendo antes de que acabara el partido para tratar de evitar a las multitudes que salían del estadio. Pero no ese día. Cuando terminó el juego el 15 de junio de 1986 nadie se quería ir. No sólo le habíamos ganado a Bulgaria 2-0, pero quienes estuvimos en el Estadio Azteca vimos en vivo y a todo color uno de los mejores goles, ya no digamos de la selección mexicana, sino de la historia de los mundiales y del futbol: el ya famoso gol de tijera de Manuel Negrete que hoy vuelve a circular por todas las redes por razones obvias.

Me acuerdo perfectamente que en el momento del gol que aseguraba ganar el partido y, por tanto, el pase a la siguiente ronda, cuando todo mundo lo gritó y lo celebró yo recorrí el estadio con la mirada y agradecí a los cuatro vientos estar ahí en ese momento. Todo era perfecto, empezando porque yo estaba junto a mi papá y ese día era el Día el Padre. Es verdad que un partido de la selección genera, al menos en 90 minutos, una unidad nacional interesante (en México y en casi todo el mundo) y las diferencias internas se borran un rato. Así que cuando acabó ese partido nadie quería dejar el estadio después de ese logro y sucedió una cosa interesante que exacerbó el entusiasmo: un aficionado tomó una bandera de México enorme y desde el medio campo organizó la porra más grande y sonora que he escuchado para México. El siquitibum sonó unas tres veces y la voz que se oyó realmente era la de uno solo. Otra porra informal que se escuchó por ahí fue: “El Día del Padre, les dimos en la madre”.

Ve tú a saber si en ese minuto se condensaron cosas como el triunfo (de los cuales no tenemos tantos en el futbol), el orgullo por el país, el reconocimiento que seguíamos vivos después del sismo de 1985 de unos meses antes, que era el Día del Padre, o qué se yo. Lo pensé en ese momento y lo pienso ahorita, ese día, ese momento ha sido uno de los mejores de mi vida.

Hoy lo valoro mucho más. El día que nací mi papá se ausentó un rato del hospital y fue a comprarme mi primer regalo: un balón de fut. El futbol entró a mi vida por mi papá y luego se multiplicó en las escuelas, en los recreos, en los torneos informales. Si algo disfrutaba enormemente era ver los juegos con mi papá, ya sea en el estadio o en la tele, comentar las mejores o peores jugadas.

Hace cuatro años tuve el tino de comprarle a mis papás una buena tele para ver juntos el Mundial de Qatar y que en algo se pudiera mitigar su dificultad para moverse. Dada la edad de mis papás pensé que podría ser el último Mundial con ellos. Tuve razón. Así que éste será el primer Mundial sin mi papá. Lo extrañaré enormemente. Hoy lo veré con mucho gusto con mis hijos, pues esta vida sigue. Veamos si en estos días el país también puede encontrar al menos unos 90 minutos de unidad nacional, que tanta falta nos hace.

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