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Grecia Quiroz y la sororidad presidencial

Una de las promesas que más ha deshonrado la presidenta Claudia Sheinbaum es aquella, inaugural y triunfal, con la que asumió el cargo: llegamos todas. En su momento resultaba incontestable, puesto que se trata de la primera mujer en arribar a la más alta magistratura del Poder Ejecutivo, y no fueron pocas las mujeres, incluso de oposición, que le dieron el beneficio de la duda.

Sin embargo, esa expresión rápidamente demostró ser una de las muchas formulaciones demagógicas de ella y su partido, una organización que ha defendido a sus violadores y acosadores como si fueran próceres. Hoy, cada vez más mexicanas saben que detrás de la idea de que llegaron todas se enmascara la misma misoginia que todos los hombres en el poder han practicado y que ahora ejerce con igual –o incluso mayor rudeza e insensibilidad, cosa muy impresionante–  la primera mandataria.

No voy a detenerme en los numerosos ejemplos que su actuación nos ha proporcionado en estos años en los que hasta las madres buscadoras han sufrido su desdén y burocrático desprecio desde Palacio Nacional, pero sí quiero detenerme en el caso de Grecia Quiroz, la alcaldesa de Uruapan, viuda de Carlos Manzo, quien hasta ahora no ha sido recibida por Sheinbaum y tampoco por su fiscal, Ernestina Godoy Ramos, titular de la Fiscalía General de la República, instancia a la que Quiroz ha venido solicitando que atraiga el caso del asesinato de su esposo, toda vez que es competencia federal dada la participación del crimen organizado.

Para explicar por qué motivo no se ha reunido con Grecia Quiroz, la señora presidenta dijo ayer en su conferencia matutina que no lo hace porque no se reúne con aspirantes a una candidatura electoral. Alguien venido de fuera diría tal vez “¡cuánta pulcritud política!”, pero se trata en realidad de una de las más penosas y mendaces respuestas que ha dado la presidenta a una pregunta directa.

En primer lugar, porque se estaría reuniendo con otra mujer, una más, se supone, que forma parte del universo (todas) al que ella invocó al llegar a la Presidencia.  Pero además se trata de una víctima, es la viuda de un alcalde al que el crimen organizado asesinó en muy probable complicidad con funcionarios del gobierno estatal, el cual hace todo lo posible para seguir enredando la investigación de este homicidio y hasta busca, perversamente, implicar a Quiroz en el mismo.

En segundo lugar, Grecia Quiroz, como ella misma señaló ayer, es por lo pronto la presidenta municipal de Uruapan, no una candidata. Sin embargo, la señora presidenta, sorprendentemente, la ve únicamente como tal. Y como no es de su partido, pues hace aflorar toda su “sororidad” y no la recibe.

Pero hay algo más: en todas sus giras presidenciales la aceitada y muy adelantada maquinaria electoral de Morena la ha puesto al lado, en la foto y la mesa de quienes sí son ya, abiertamente, candidatos. Así que su pretexto “institucional” queda invalidado por su permanente actuación militante.

Es profundamente vergonzoso –y triste, al fin y al cabo– que todos los días la presidenta, su fiscal y sus compañeras de partido sean quienes les recuerden a muchas otras mexicanas que, por supuesto, no llegaron todas y que tampoco tiene ninguna relevancia para las luchas de género que hayan llegado ellas; y que primero están los intereses, incluso criminales, de los patriarcas, juniors, mandamases y machines de su partido.

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