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Ingrata 4T: ¿Qué se joda Elena Poniatowska?

Cada vez queda más clara la estrategia de este nacionalismo morenista, populismo con bandera; aprendieron bien la lección del “mas si osare un extraño enemigo” de la escuela obradorista, donde con discursos presidenciales, se inyecta a la sociedad una dosis de tensión, con su agravio permanente, para irritar y, colocar fácilmente, palabras victimistas con su amenaza, sospecha, y recelo entre la comunidad que debería estar reconciliada, unida y en paz.

El nuevo capítulo de ese nacionalismo-victimista, de ese recuerdo de un complot de enemigos del extranjero, donde la nación necesita un redentor, es la invención de nuevos requisitos de nacionalidad, que pide la Presidencia de la República, para ser candidatos. La nueva iniciativa de la presidenta sobre la nacionalidad de los candidatos. Fuego efímero. Prestidigitación inútil.

Ese nacionalismo es humo, soflamas de un gobierno mediocre que no cuida la seguridad de hoy, las extorsiones de hoy, los homicidios de hoy, las medicinas y médicos de hoy, y apela a un cántico bastante sabido por la “ultraderecha” del mundo; es la misma partitura que hace Donald Trump: distinguir entre unos americanos “auténticos”, puros, y otros “falsos” que supuestamente quieren invadir Estados Unidos, aunque paguen impuestos allá y hayan dejado el alma allá, muchos de ellos mexicanos, a los que la iniciativa de Sheinbaum dejará huérfanos de patria en su derecho a ser votados. Renunciar a ser extranjero para poder ser candidato, y si con candidez pregunto: ¿ese gobierno extranjero no acepta la renuncia? ¡Son bombas de jabón!, legisladas en ley secundaria, y de la que se ocupan trámites burocráticos diplomáticos.

La Constitución vigente, con esta “binacionalidad”, buscó proteger a los emigrantes que residían en el extranjero para que no perdieran su raíz, su protección, su cordón umbilical con la tierra que los vio nacer, y también con los hijos o hijas de mexicanos nacidos en el extranjero para evitar ser reconocidos como apátridas; se logró no expulsarlos de la nación, como a muchos emigrantes que su tierra los despide por amenaza, miedo o hambre, y, encima de expulsados, ¿Morena expulsará doblemente a sus hijos porque no nacieron en México? Ingratitud. Fervor nacionalista inhumano, además de falso. Vendrá un septiembre patrio de pólvora para millones de mexicanos nacidos o huidos (por necesidad) a Estados Unidos, su mexicanidad en un “pum” estallará en el cielo, y Morena festejará que defiende a México.¡Postiza transformación!

Ser mexicano no garantiza un buen gobierno. Antonio López de Santa Anna nació en Veracruz; Porfirio Díaz, en Oaxaca; Gustavo Díaz Ordaz, en Puebla, y José López Portillo, en la Ciudad de México, y pasaron a lo más oscuro de la historia, como pasará el que nació en Tepetitán, Tabasco.

Pero en cambio hay seres humanos que no nacieron en suelo mexicano y contribuyeron a crear una identidad y orgullo mexicano. El alemán Alexander von Humboldt hizo que se conocieran las riquezas naturales del México independiente en el mundo, ¿no sabe la presidenta científica que un español impulsó la fundación de la Facultad de Ciencias de la UNAM, Ignacio Bolívar? ¿Ya olvidó la izquierda a otro español, refugiado en México, Wenceslao Roces, primer traductor de Carlos Marx al castellano? ¡Izquierda ignorante de los republicanos refugiados en México! Muchos, más mexicanos que varios rufianes de la 4T.

En el México del Virreinato, que Morena se niega a ver y reconocer, dos mexicanos (sí mexicanos), nacidos en España, hicieron más por los pueblos indios, que el presidente de la Suprema Corte que se disfraza de colores: Bernardino de Sahagún y Vasco de Quiroga. Y un batallón irlandés, completito, murió por salvar el territorio que nos robó Estados Unidos. México le debe más al Capitán John O´Riley, que a Rubén Rocha, Adán Augusto López, Américo Villarreal y Marina del Pilar Ávila juntos.

Pero si acaso eso suena muy lejos. Una mujer que dijo que cuando ella llegó a la Presidencia “llegamos todas las mujeres”, pues esta reforma ya bajó del tren a una mujer con la que se retratan juntas, o como el título de una de sus novelas en honor a Demetrio Vallejo, líder ferrocarrilero: El tren pasó primero y la arrolló, porque nació en París, Francia, y ahora, será mexicana de segunda: Elena Poniatowska.

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