“Llegará un momento en que la deuda será impagable”, dijo el exsecretario de Hacienda Ernesto Cordero, con los números del paquete económico del gobierno en la mano.
Aunque no hay, por ahora, una emergencia financiera, la tendencia es explosiva en una economía que no crece.
El próximo año habrá que pagar por intereses y comisiones un billón 574 mil millones de pesos. De principal, mejor ni hablamos.
Para cubrir el déficit de 3.9 por ciento del PIB, se van a necesitar un billón 500 mil millones de pesos. ¿De dónde saldrán? Más deuda.
“La bola de nieve será imparable”, dijo Cordero en el pódcast de La Aurora.
Hay una forma de evitar estrellarnos, que es con el crecimiento de la economía merced a las nuevas inversiones productivas.
Cordero nos dijo que el problema fundamental a resolver es la certeza jurídica.
Los capitales no son reacios a invertir en países con gobiernos autoritarios. Ahí están China y Vietnam, que dan garantías de no cambiar reglas ni imponer nuevas condiciones cuando los proyectos están en marcha.
Hará unos 20 años, en China, fuimos con el entonces director de El Economista, Luis Enrique Mercado y con la diputada Clara Brugada a conocer la maqueta que enseñaba el proyecto Shanghái 2020. Era una manera de “vender” Shanghái a los inversionistas internacionales.
Espectacular, obviamente. Luis Enrique le preguntó a la actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México: “¿Sabes cómo se llama eso, diputada?"
No recuerdo las palabras que dijo ella, pero sí la corrección de Luis Enrique Mercado: “No, no querida diputada. Eso se llama certeza jurídica”.
Clara Brugada hizo una gran carrera política: gobernó por nueve años Iztapalapa, jefa de Gobierno de la capital del país, más lo que le depare el futuro. Pero, ella y el grupo que hoy gobierna México, no aprendieron la lección china.
Se puede ser comunista y dar resultados económicos, pero no al estilo cubano, chavista o nicaragüense. Y en esas andamos.
China tiene educación tecnológica de excelencia y premia el mérito en todo, incluidos los ascensos en la burocracia del Partido Comunista.
Aquí el mérito es una mala palabra.
Ernesto Cordero, que fue secretario de Desarrollo Social, de Hacienda y presidente del Senado, también colaborador permanente en La Aurora, nos dijo que el Plan México, para el desarrollo industrial y la inversión, “no va a funcionar nunca porque esos proyectos se sostienen en la confianza”.
Y en México no hay certeza jurídica con un sistema judicial devastado.
Para evitar el estallido de la bomba de la deuda, de las pensiones y de Pemex, es necesario que haya inversión nueva, y la que hay es muy poca. Menor a la que había antes de la reforma judicial.
¿Cómo va a haber confianza en jueces, magistrados y ministros que llegaron a sus cargos en la boleta del acordeón, que responden a los intereses de quienes pagaron sus campañas?
Estos últimos, no pocas veces, jefes de plaza de cárteles o de pandillas de extorsionadores.
Sin un sistema judicial aceptable no habrá inversión. Y sin inversión no se genera riqueza.
¿Qué hacer? Más deuda es el camino trazado por López Obrador y que sigue la actual presidenta.
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