‘Internacional populista’. Como táctica de ablandamiento para imponer sus condiciones, o como anuncio nefasto, el secretario estadounidense de Comercio dice ahora que más que actualizar o renegociar el Tratado de Libre Comercio, en vigor desde 1994, con México y Canadá, habría que reconsiderar su existencia misma. También Europa mantiene en suspenso su acuerdo comercial con nuestro país por la opacidad resultante de haber abolido los órganos constitucionales autónomos. En cambio, la presidenta Sheinbaum se unió con entusiasmo, entre numerosas falacias, ventiladas con profusión en la esfera global, a una especie de ‘internacional populista’ con otros controvertidos presidentes de España y Latinoamérica para enfrentar la beligerancia verbal, comercial e incluso militar de Trump.
Por primera vez. Este movimiento de la presidenta mexicana no contribuirá a paliar los estragos de nuevas condiciones comerciales, de inversión y de combate a los cárteles, impuestas por Estados Unidos sobre un México camino a la dictadura y en estancamiento económico en los casi ocho años del régimen. De hecho, en tiempos de paz, nunca un presidente de México comprometió al país, explícitamente, con un bloque ideológico hostil a otro bloque. Y menos si la hostilidad responde a la de un vecino alevoso, fuente principal del comercio y la inversión de nuestro país. Siempre hay una primera vez. El detalle está en que al final esta veleidad deje margen para enmendarla.
¿Salto al vacío? Está por verse cómo apoyarán a México el español Sánchez, el colombiano Petro o el brasileño Lula (¿o acaso el catalán Joan Manuel Serrat?) ante nuevas imposiciones de Trump en materia comercial y de combate a los cárteles. Al parecer, la presidenta hizo una apuesta ideológica temeraria, un salto al vacío muy alejado del pragmatismo que históricamente le ha permitido a México mantenerse a salvo -y tomar ventajas- de los realineamientos del planeta.
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