Mataron al periodista Francisco Alejandro Leyva en Oaxaca. Le pegaron varios tiros mientras desayunaba en un puesto de la calle en el fraccionamiento La Esmeralda en San Pablo Etla.
Leyva fue directivo del Corporativo Oaxaqueño de Radio y Televisión en la administración de Alejandro Murat.
En la actualidad escribía una columna política, El Zumbido del Moscardón, en la que hacía críticas al gobierno de Salomón Jara.
El propio mandatario, adelantándose a la crisis que se generará por el homicidio de Leyva, ofreció toda la facilidad en las indagatorias y pidió coordinación con la FGR.
En lo que va de este año ya son ocho los comunicadores asesinados.
Es una cifra escalofriante, que coloca a México como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.
Es un listado triste y sombrío elaborado por Artículo 19: Calletano de Jesús Guerrero, Kristian Uriel Zavala, Luis Ángel López Valdés, Abelardo Martínez, Alex Serna, Roxana Guzmán, Josué Martínez Contreras y el propio Leyva.
Desde el año 2000, los periodistas asesinados han sido 176 y 31 se encuentran desaparecidos. En Oaxaca, en ese lapso, ya son 16 los homicidios con el que acaba de perpetrarse este miércoles.
Más allá de los motivos que pudieron existir en cada caso, detrás de ellos se encuentra uno de los problemas estructurales en nuestro país: la impunidad.
Se asesina porque se puede, y hay lugares en los que los grupos criminales implantan el silencio, que se suma a las diversas presiones que suelen ejercer políticos caciquiles.
Las organizaciones criminales han establecido sus propias reglas en algunas regiones del país, donde el nivel de peligrosidad aumenta aparejado al control territorial de los bandidos.
Los gobiernos de los estados suelen escurrir el bulto, emitir las condenas de lamento en cada caso y como patrón de conducta, no hacer nada más.
Ante situaciones como la que nos ocupa, y en un ambiente enrarecido en que los ataques a la prensa suelen lanzarse desde el propio poder político, no queda sino insistir en que la degradación en el ambiente de libertades no conducirá a nada bueno.
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