El problema de fondo entre México y Estados Unidos es político en el sentido más estricto del término. No es solo diplomático, comercial o de seguridad, aunque en los hechos se manifieste en esas dimensiones. El choque de las últimas semanas no enfrenta a dos modelos de economía o de seguridad, sino a dos populismos. Por un lado, el de Trump: nacionalista, transaccional, punitivo, convencido de que toda relación internacional debe traducirse en ganancia inmediata para Estados Unidos. Por el …
