Guanajuato.- Hay algo inquietante en Semana Santa. Por unos días, la violencia parece contenerse. Los homicidios bajan. Como si incluso quienes viven de hacer daño hicieran una pausa. Como si el país, por un instante, respirara distinto. Pero ese silencio es engañoso. Porque mientras la violencia se repliega, la muerte no. Solo cambia de forma. Las carreteras se llenan. Familias completas salen al mismo tiempo. Hay prisa por llegar, por descansar, por “disfrutar”. Y entonces aparece lo que ya sabemos …
