Estados Unidos y México comparten más de tres mil ciento cincuenta kilómetros de frontera, una franja territorial que corre del Pacífico al Golfo de México y que sirve como punto de partida para entender hasta qué grado ambos países están íntimamente vinculados. Esa línea no sólo separa soberanías, también conecta economías, culturas, costumbres y decisiones políticas cuyos efectos cruzan diariamente de un lado a otro. Comercio, migración y seguridad no son asuntos externos, son realidades compartidas que definen la vida …
