Al principio de esta serie de entregas aseveré que las políticas identitarias representan una afrenta contra el universalismo. No hablaba solamente del universalismo propio de la mejor lectura de Marx, sino de aquel que subyace al liberalismo democrático. La democracia liberal privilegia los procesos electivos en donde todos comparecen a la urna en pie de igualdad: una persona un voto. El liberalismo democrático considera a todos los seres humanos dignos de la misma consideración y respeto, y, por lo tanto, …
