La Ciudad de México es mi ciudad favorita. Pintar puentes peatonales y paredes, o plasmar ajolotes, no le quita lo descuidada. Mi sesgo no sólo se explica porque aquí nací, cuando la habitaban casi 4.9 millones de personas en 1960 —para llegar en 1980 a 8.8 millones—, sino porque aquí he vivido y disfrutado sus atractivos. Aquí vive mi familia, mis amigos desde kindergarten, los de la licenciatura en el ITAM y las amistades profesionales. La regularidad de las lluvias …
