En su octavo congreso, sus dirigentes se abrazan, ríen y repiten consignas que ya suenan huecas y hasta cínicas: “no mentir, no robar, no traicionar”, “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. Se aplauden a sí mismos mientras sus decisiones han provocado el colapso de lo esencial: la seguridad, la justicia, la relación con Estados Unidos, la educación, la ciencia, la cultura, la salud, la energía, la infraestructura y el crecimiento económico. La fiesta ocurre arriba; el derrumbe empieza …
