El mal se pasea a sus anchas en México. La dignidad humana es pisoteada sin consideración alguna. El mal banal, “bienpensante”, cínico, cotidiano, burocrático y brutal es practicado sin pudor alguno. Los mexicanos de a pie, hombres y mujeres del común, nos sentimos agobiados y en ocasiones perdidos, atenazados por el desánimo, casi sin esperanza. Es natural. Nos encontramos dentro del laberinto de la maldad. Y si bien es cierto que el mal se expresa en múltiples escenarios -la calle, …
