Durante meses, Washington lanzó advertencias que México decidió no escuchar. A través del embajador Ronald Johnson, congresistas y del propio presidente Trump, se habló de narcopolítica, de corrupción institucional, de funcionarios que operaban como facilitadores del crimen. La clase política mexicana respondía con notas diplomáticas y frases sobre soberanía. El juego parecía conocido: presión, protesta, pausa. Ese juego terminó. El caso Rocha Moya no es una sorpresa ni un exceso. Es la ejecución de una doctrina que Washington construyó con …
