En el México contemporáneo, el cateo domiciliario dejó de ser una medida excepcional para transformarse en un mecanismo cotidiano de simulación delictiva. Lo más grave no es tanto la irrupción clandestina, sino que muchas de estas incursiones se realizan amparadas en un mandamiento escrito o una orden de cateo formalmente expedida por un juez. Bajo esa apariencia de legalidad, corporaciones de seguridad ejecutan entradas violentas, aíslan a los moradores y, con frecuencia, siembran narcóticos o armas de fuego de uso …
