La épica mexicana tiene nuevos laureles. Hace unos días, en el clímax de su resistencia para no abandonar el cargo, el doctor Marx Arriaga extendió las manos e increpó a un policía con la gravedad de un prócer: “Anímense a arrestar a quien diseñó los libros de texto”. Lo dijo con esa convicción mesiánica que te invita a envolverte en una fe de erratas para que el cuerpo no caiga en manos de la "derecha". Allí estaba el nuevo Guillermo …
