Cada proceso electoral en México deja una cifra distinta sobre la violencia. Unas organizaciones contabilizan asesinatos; otras incluyen amenazas, atentados, secuestros o desapariciones. Algunas registran únicamente agresiones contra personas candidatas, mientras otras incorporan también a funcionarios públicos, familiares o integrantes de equipos de campaña. Las diferencias suelen provocar confusión y cuestionamientos sobre cuál medición es la correcta. Sin embargo, la respuesta es mucho más sencilla: antes de contar la violencia, debemos definir qué entendemos por violencia electoral. La construcción de …
