En el Fausto de Goethe, el pacto se sella tras una negociación con Mefistófeles. Hastiado del saber libresco y de una vida que ha dejado de ser plena, Fausto acepta un trato singular. No vende su alma a cambio de conocimiento o placer sin más, sino que apuesta: si alguna vez llega a sentirse tan satisfecho con un instante que quiera detenerlo y decirle “permanece, eres tan bello”, entonces habrá perdido y su alma pertenecerá al diablo. Mefistófeles se compromete …
