El deterioro de nuestras instituciones electorales –y de otras que son puntales de la democracia– es ya inocultable. Han sido colonizadas, abusadas, pervertidas, despojadas de recursos e infiltradas por el gobierno de la 4T. El INE y el Tribunal Electoral, que alguna vez fueron motivo de orgullo para los mexicanos, han terminado por convertirse en oficinas del gobierno. Poco a poco, sus decisiones han contribuido a desmantelar las salvaguardas indispensables para garantizar una mínima equidad en las contiendas, asegurar que …
