Montserrat Pérez-Lima “Nunca fue a la escuela. Careció de la educación burguesa. Cuando llegaba con hambre, abría el refrigerador, sacaba un bistec crudo y lo devoraba de un bocado. Mi padre. Así era la vida cotidiana del más extraordinario violinista que este país ha tenido”. Con estas palabras, el escritor Eusebio Ruvalcaba evocaba a su padre en el texto Unas cuantas líneas para evocar a un padre muerto. Y es que Higinio Ruvalcaba no sólo fue ese hombre de apetitos …
