Luis Mendoza Vega Hay que imaginar a Juan Preciado feliz. Ha muerto en Comala intentando cumplir la promesa hecha a su madre: encontrar a su progenitor y cobrarle caro el abandono. Éste, en cambio, yace ―igual que aquél― desaparecido entre el tiempo y las ruinas. ¿Es acaso la muerte la única forma de igualar al hijo con el padre? Me lo pregunto no sólo a propósito de la obra de Juan Rulfo, sino también de otra aparecida diez años después: …
