A partir de la liberalización económica de los 80 y con la urgente necesidad de divisas y de aumentar y “despetrolizar" las exportaciones, la opción de importar insumos para exportar manufacturas aumentó la presencia de empresas manufactureras estadounidenses. El comercio intrafirma conformó una nueva relación comercial. No obstante, la crítica destacaba si no se estaría promoviendo el desarrollo de una gran economía maquiladora sin encadenamientos al interior, quedando solamente como ventaja la oferta de empleo barato y una laxa (o inexistente) regulación ambiental.
Posteriormente, el TLCAN abrió de nueva cuenta la opción de aprovechar la integración comercial para el cambio estructural de la economía. Tanto para la industria como para el campo, se fijaron objetivos y plazos para su transformación, lo cual nuevamente requería de recursos púbicos y de una visión de política industrial que orientara el tipo de economía que se quería y debía construir. La crisis limitó la política pública y la inercia empresarial no fue suficiente para impulsar ese cambio.
Así, en 2025 la estructura de las importaciones se conformó de 77% bienes intermedios, bienes de capital 8% y de consumo 15%. Se observa que la economía mexicana necesita de insumos importados, de ahí que, vaivenes de Trump aparte, la oportunidad de crear cadenas de suministros nacionales para sustituir importaciones sigue siendo real, pero depende de decisiones de política interna que involucran acuerdos sociales, visión de largo plazo, creación de infraestructura, fomento a la formación y educación de recursos humanos, impulso a la investigación y desarrollo de capacidades tecnológicas de avanzada.
Se conocen experiencias como la de Corea del Sur, donde a partir de maquiladoras creó su industria automotriz; Taiwán y Singapur desarrollaron el sector de electrónica; India e Irlanda, tecnologías de la información. China hizo lo mismo acompañado de un fuerte impulso en la formación y capacitación tecnológica, el desarrollo de nuevas empresas y empresarios, y relocalización interna de las actividades económicas. Un punto clave fue la transferencia y el aprendizaje tecnológico que favoreció el surgimiento de tecnologías altamente competitivas chinas, pero también se contó con políticas y recursos públicos para su industrialización y desarrollo.
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