Agentes dobles. Al jefe de la DEA le faltó decir que, tras las las acusaciones formales en Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa y sus secuaces, los políticos del régimen involucrados con los cárteles no sólo mantienen una “conexión mortal” con las organizaciones criminales, sino que ahora la procuran, con desesperación y angustia, con los órganos y las agencias del sistema de justicia de aquel país. Así se ha publicado en la prensa estadounidense respecto de gobernadores y otros exponentes del régimen, que se dejan ver ansiosos de cooperar con el FBI, la DEA y la Secretaría de Justicia de la superpotencia colindante. Tratan de salvar el pellejo, la fortuna. Al menos de obtener beneficios procesales o mejores condiciones carcelarias ante la eventualidad de aparecer del otro lado, de una u otra forma. Agentes dobles, con todas las deformaciones de personalidad que lleva consigo esa condición, como lo describió magistralmente Le Carré en El topo.
¿Un topo en Baja? Con la salvedad de las posibilidades de la picaresca que abrió Julián Andrade ayer aquí, las grabaciones que involucran a la gobernadora de Baja California en tratos comprometedores muestran, en todo caso, a una amateur en el mundo de los agentes secretos, quizás derrotada por un profesional aparentemente dedicado a reclutar políticos con la cola sucia y volverlos sus soplones. O sea, ponerlos al servicio de la cruzada contra el llamado narcoterrorismo que despliega Estados Unidos sobre las zonas más vulnerables del régimen mexicano, para exhibirlo y someterlo. Insegura, titubeante, María del Pilar Ávila parece ofrecerle al reclutador servir de topo del FBI en las reuniones de seguridad del lado mexicano, donde se discuten y se adoptan decisiones de combate -o acaso de solapamiento- a cárteles, capos y sus contrapartes en el poder político. Pero quedan preguntas. Hasta mañana.
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