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Messi: el futbolista que conquistó el mundo

Lionel Messi construyó una carrera irrepetible que lo llevó a conquistar todos los títulos posibles. Sin embargo, su figura también despierta admiración, críticas y debates que trascienden el futbol, convirtiéndolo en uno de los personajes más influyentes del deporte mundial.

Una persona puede tener el poder de encender pasiones, lo que no puede hacer es decidir si estas se mantendrán en la ilusión, la euforia y la dicha o si se irán al otro extremo para destapar la ira, la envidia y los reproches sin control.

Lo extraño es encontrar un caso de alguien que genere esta polarización sin decir una palabra, sino por sus meras acciones. A pesar de la timidez, esa que se ve reflejada en su figura de hombros caídos y su constante distanciamiento de los micrófonos, Lionel Andrés Messi ha sumado esta hazaña a su larga lista de récords, estadísticas y trofeos que ha coleccionado a lo largo de más de 20 años.

Temprano en su carrera empezó a dejar en claro que un día su nombre quedará grabado en el Panteón del Futbol, en donde se podrá sentar junto a figuras como Diego Armando Maradona, Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, Johan Cruyff y Lev Yashin “La Araña Negra”.

Aunque para muchos no era sorpresa. La expectativa sobre el futuro del muchacho de 17 años que debutó con el Barcelona el 16 de octubre de 2004 ya era enorme desde mucho antes de que el entrenador Frank Rijkaard lo metiera de cambio en ese clásico catalán contra el Espanyol aquella noche.

Años antes, cuando en el 2000 viajó a Barcelona para realizar pruebas, y con apenas 13 años de edad, el talento innato de este fenómeno ya era evidente. La historia es conocida. El entonces director deportivo, Carles Rexach, quedó tan impresionado por el niño argentino que firmó un compromiso para incorporarlo en una servilleta de papel.

El miedo a que la siempre presente burocracia pudiera estropear el fichaje del siguiente gran ídolo mundial pudo más que el apego a la formalidad. ¿Cuántos momentos estelares de la humanidad estarían completamente perdidos si no existieran esos lienzos aparentemente insignificantes que desechamos sin pensar?

También es sabido que cuando Messi tenía diez años le diagnosticaron una deficiencia de la hormona del crecimiento, que implicaba un tratamiento costoso, prácticamente imposible de pagar para la familia. Como parte de su llegada al club, el Barça aceptó hacerse cargo de su tratamiento y trasladó a toda la familia a España.

La inversión empezó a pagar frutos cinco años después, cuando el primero de mayo de 2005 llegó el primer gol del joven prodigio en contra del Albacete. Con apenas 17 años, el delantero recibió un pase globeado de su compañero Ronaldinho. Un ligero toque mantuvo el impulso suficiente para que la pelota pasara por encima del portero y se incrustara en la meta.

Lo que vino después sólo fueron frutos dulces del mismo árbol hasta que pasó lo inevitable, las primeras muestras claras de inmortalidad empezaron a brillar en abril de 2007, cuando en las semifinales de la Copa del Rey que el Barcelona jugó contra el Getafe, Messi tomó el balón cerca de la media cancha, dejó atrás a seis rivales, incluido el portero, y calcó el gol que Maradona le hizo a Inglaterra en el mundial de México 86.

Los fantasmas del otro gran 10 que usó la camiseta de Argentina y del Barça flotaron junto con Leo a lo largo de toda la cancha hasta que la pelota quedó en el fondo de la portería. La similitud, y las ganas de tener un nuevo héroe mundial para el siglo XXI, llevó a más de un periodista a comparar a ambos jugadores abiertamente.

Semanas después, ese mismo espíritu se volvió a presentar en el Camp Nou cuando Messi marcó un gol con la mano frente al Espanyol, una acción que inevitablemente recordó a la llamada "Mano de Dios" de Maradona. Aunque el tanto fue muy polémico, contribuyó a fortalecer los paralelismos entre ambos argentinos. Con eso también se incrementó la presión para que esa magia se empezara a repetir y que llegara a torneos internacionales, ya no sólo los españoles.

Esa derrama se dio, por fin, en la final de la Champions del 2009 cuando el Barcelona se enfrentó al Manchester United en Roma. La pulga de 1.70 se elevó por el medio del área grande y con un atropellado golpe de cabeza metió el segundo de los culés, lo que les aseguró el campeonato.

El niño que nació el 24 de junio de 1987 en Rosario, provincia de Santa Fe, en Argentina, que creció en un barrio de clase trabajadora y comenzó a jugar al futbol en Grandoli, en donde su papá era el entrenador, y que deslumbró a todos con un control impecable que lo llevó a dominar al mundo lo ha hecho todo.

Ganó 35 títulos oficiales con el Barcelona entre 2004 y 2021. 10 Ligas de España, siete Copas del Rey, ocho Supercopas de España, cuatro Champions League, tres Supercopas de Europa, y tres mundiales de clubes. En lo personal, también le fue bien al argentino que se convirtió en el máximo goleador de la historia del Barcelona y ganó ocho Balones de Oro.

Durante su paso por el equipo catalán hizo soñar a más de uno. Ahí también nació su rivalidad con otro de los grandes del deporte, Cristiano Ronaldo. El enfrentamiento no nació como resultado de un juego, ni siquiera fue producto de algo que hubiera hecho alguno de los dos. De hecho, tanto el argentino como el portugués han insistido en distintas ocasiones en que siempre existió respeto mutuo y que nunca fueron enemigos fuera de la cancha.

La rivalidad, esa que sigue a ambos hasta ahora, nació en la prensa, cuando en el año 2007 ambos aparecieron por primera vez entre los tres mejores futbolistas del mundo en la votación del Balón de Oro. Cristiano Ronaldo fue segundo y Messi tercero, sólo por detrás de Kaká. Desde ese momento se les empezó a presentar como los dos grandes herederos del futbol mundial.

Ese aparente antagonismo dio un salto de dimensión en 2009 cuando Barcelona y Manchester United, equipo en ese momento de Cristiano, se enfrentaron en la final de la Champions, esa en la que Messi marcó el segundo para darle el triunfo al equipo dirigido por Pep Guardiola. Ese mismo año, Cristiano fichó por el Real Madrid, el eterno rival del Barcelona, lo que aseguró que ambas figuras se verían la cara cada vez más seguido.

Desde ese momento, y durante más de una década, los dos mejores futbolistas de su generación jugaron para los clubes más importantes y antagónicos de España, ganaron prácticamente todos los títulos disponibles y obligaron al otro a mantener un nivel de excelencia constante. Esa competencia deportiva, más que una enemistad, fue la que terminó definiendo una era del deporte.

Pero no importaba lo bien que jugara Messi con su equipo, siempre había una pequeña mancha en su récord. Todo, absolutamente todo lo que había logrado hasta ese momento lo había hecho con el Barça, por lo que los argentinos, que no son precisamente buenos en contener sus pasiones futbolísticas, empezaron a ponerse impacientes.

Lo suyo iba más allá de la mala suerte, era ya un cruel bloqueo que le impedía a los argentinos dar la vuelta del campeón. Eso por fin cambió en julio del 2021, cuando la scaloneta, como se conoce al equipo dirigido por Lionel Scaloni, el actual entrenador, por fin pudo levantar la copa.

El escenario era perfecto por imposible. Argentina se enfrentaba a Brasil en el Maracaná, esa fortaleza verdeamarela en la que, como dice Muchachos, esa canción que cada vez se repite más seguido mientras se acerca el final del mundial, “la final con los brasucas la volvió a ganar papá”. Argentina venció 1-0 y rompió la maldición de 28 años sin títulos para la albiceleste.

Y vaya que ayudó a dejar fluir las victorias. Al año siguiente, en el mundial de Qatar 2022, Messi por fin pudo levantar la copa del mundo. Después de haber aguantado apodos como el de “pecho frío”, “fracasado” o hasta “más catalán que argentino”, y con base en su buen juego y su siempre presente perseverancia, esa que se sigue viendo hasta el día de hoy, le sirvieron de escalera para alcanzar la gloria.

En los meses después sólo había dos temas de conversación en toda Argentina, la economía (ese tema que parece fascinar a los sudamericanos), y la final del mundial. Se escuchaba a la gente contar una y otra vez el lugar en donde habían visto el partido contra Francia. La manera en la que se habían festejado los goles a favor, el dolor profundo que provocaron los goles en contra, la tremenda ansiedad que destaparon los penales.

Los dioses del futbol tomaron nota de los trabajos que Hércules se vio forzado a superar para poder limpiar su alma y obligaron al más grande de la historia a atravesar su propio camino de sufrimiento para poder llegar a lo más alto.

Pero como la naturaleza de la afición puede llegar a ser malagradecida, la victoria tan esperada por tantos no le sacudió la permanente crítica que lo sigue. Meses antes de que empezara el mundial 2026 empezó una nueva controversia, una que, extrañamente, no se dio por nada que hiciera en la cancha, sino simplemente por acompañar a su equipo actual, el Inter de Miami, a un acto oficial relacionado con el gobierno de Donald Trump. 

Si debió haber ido o no es debatible. Se puede decir que no debió haber ido al evento porque se iba a tomar como apoyo al controvertido presidente estadounidense. Habrá, también, quien recuerde que Pelé le regaló una playera al expresidente Jair Bolsonaro a pesar de que años antes se tomaba fotos con su rival, Luiz Inácio Lula Da Silva. 

Lo cierto es que Messi, hasta donde se sabe, nunca ha hecho pública una declaración política. Hubo una fuerte discusión sobre el simbolismo del acto, pero no existen pruebas de que el futbolista haya expresado públicamente una adhesión política por partido alguno.

Ya durante el Mundial, las críticas cambiaron de naturaleza. Algunos aficionados y comentaristas sostuvieron que Argentina dependía demasiado de Messi o que la cobertura mediática exageraba su influencia cuando otros futbolistas, como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister o Cristian Romero, también estaban siendo determinantes.

En estas últimas semanas también hemos escuchado de forma repetida que hay una conspiración de la Fifa para que Messi iguale a Pelé como los únicos dos grandes jugadores bicampeones de la historia. De eso, claro está, no hay más pruebas que los eternos videos que corren en redes sociales con los que de forma sesgada venden la idea de que todo está arreglado para Argentina.

La remontada contra una Inglaterra que no entendió lo que tenía enfrente debería ser prueba suficiente para demostrar que el valor, la fortaleza y el ímpetu han jugado un papel mucho más importante que los errores arbitrales, esos que abundaron a lo largo del torneo.

Y mientras gran parte de los aficionados mexicanos parecen alinearse con los españoles, yo me quedo con el gigante de 1.70 metros, que a sus 39 años jugará su tercera final de un mundial (algo que sólo Pelé había logrado), que ha demostrado que su genialidad va más allá de las canchas y que sólo necesita un segundo para desestabilizar a todo un país. Messi bien merece dos copas.

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