Deshonrar la experiencia democrática. La demolición del Estado democrático alcanza ahora la suplantación de la memoria de cada episodio de la democracia vivida. Prohibido siquiera recordarla. Y sobre todo pretender revivirla. Ni un Ruffo ni un Barrio en la elección de 17 gobernadores en el inminente 2027. Ni mucho menos un Fox en las presidenciales de 2030. Es este otro mensaje de la captura, el encierro y la campaña de deshonra sobre la cabeza de Ernesto Ruffo. Una interpretación -no excluyente de las demás- de los propósitos del régimen: borrar o cubrir de infamia las huellas de los actores de la construcción de la democracia.
‘Total recall’. Ruffo está en la memoria política de México como primer gobernador electo -reconocido por el sistema entonces dominante- bajo nuevas condiciones de competencia electoral, implantadas desde 1989 y en la década de 1990. En sentido inverso, el proceso de reversión de aquellas condiciones incluye hoy implantar falsos recuerdos de la experiencia democrática, como en la película del holandés Paul Verhoeven, Total recall, basada en un relato de Philip Dick.
Reescribir la historia. Y, así, ahora se pretende borrar el recuerdo de un opositor político, Ruffo, e implantar en su lugar la memoria de un mafioso huachicolero en una cárcel de máxima seguridad; suplantar el recuerdo del IFE/INE como órgano garante de elecciones confiables, por las ‘bondades ‘de un INE fiel al régimen y a su eternización en el poder; sustituir el recuerdo de los logros de la representación proporcional que contribuyeron, desde 1997, a integrar un Poder Legislativo con un número de legisladores por partido en correspondencia con los votos recibidos, con la avasalladora idealización de un Poder Legislativo con mayorías espurias del régimen, definidas por un INE abyecto, para con ellas acelerar la demolición. Toca ahora la reescritura dictatorial de la historia.
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