El amigo Ken, quien se la vivía en Palacio Nacional, resultó escritor. En los próximos días se publicará Fronteras. Mi lucha por un Estados Unidos incluyente, que promete una buena cantidad de episodios que pueden ser comprometedores para funcionarios mexicanos.
Por los adelantos, a los que tuvo acceso el diario Reforma, sabemos que un empresario, “el susurrador”, era su informante, llevaba y traía.
Este sujeto le dijo a Ken Salazar que el presidente López Obrador estaba preocupado por lo que Ismael “El Mayo” Zambada pudiera contar a las agencias de seguridad en Estados Unidos.
“El Mayo” fue secuestrado en un episodio que todavía no está esclarecido, cuando en teoría se reuniría con Joaquín Guzmán López, el hijo de "El Chapo", el gobernador, y el diputado Melesio Cuén, —quien terminaría asesinado— para discutir asuntos sobre el control de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Para más sazón, la Fiscalía local trató de encubrir a los perpetradores del crimen, fabricando pruebas.
Vistos estos aspectos y otros tantos, tenía razón López Obrador en sus angustias y, prueba de ello, es que Rubén Rocha Moya tiene una orden de captura porque quieren llevarlo a juicio en Nueva York.
El ahora gobernador de Sinaloa con licencia está en libertad, porque la impunidad es lo que impera en nuestro país, pero, sobre todo, por razones prácticas: sería devastador que pactara con la fiscalía norteamericana y diera pormenores de los acuerdos a los que llegó con el Cártel de Sinaloa.
Para el embajador Salazar vendrán las descalificaciones de rigor. Dejó de ser amigo desde que empezó a dudar de la utilidad de una reforma judicial, la que no traería sino incertidumbre, y lo sacaron de la lista de convidados a Palacio cuando “El Mayo” Zambada terminó en Nuevo México.
Pero las razones de Salazar pueden ser también nada edificantes y más bien un recurso de poner sus barbas a remojar, porque lo que ocurría en México no podía ser ignorado.
Solo él y sus jefes saben qué es lo que reportó al Departamento de Estado. El nivel de podredumbre al que se llegó no ocurrió de un día para otro.
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