Toda democracia madura se define no sólo por la regularidad y autenticidad de sus elecciones, sino también por la capacidad de sus instituciones para autoprotegerse de los intereses que pretenden capturarlas. La revisión de las reglas de acceso y ejercicio del poder no puede obviar los fenómenos que distorsionan o desvían la voluntad popular. De las realidades, contextos, rupturas y circunstancias que inevitablemente se imponen en la organización de la vida de una comunidad. De esos hitos que sirven como …
