Lo ocurrido el domingo no fue un episodio aislado de violencia. Fue una demostración de fuerza. En cuestión de horas, una organización criminal logró paralizar varios estados del país, sembrar miedo en la población y exhibir, una vez más, la fragilidad del Estado frente al poder del crimen organizado. Carreteras bloqueadas, vehículos incendiados, familias encerradas en sus casas y soldados jugándose la vida mientras el país observaba con incertidumbre. Cuando el Estado pierde el control del territorio, la ciudadanía queda …
