Cuando invito a alguien a participar más activamente en lo público, suelo encontrar tres perfiles. Está el activista que ya encontró su lugar: en una ONG, un colectivo, un comité vecinal, una causa…incluso un partido político. Está quien se aleja de la política como si participar fuera contagioso, convencido que su ausencia otorga pureza. Por último, está el tercero, el más silencioso y debatiblemente el más funcional al poder: el ciudadano que cree que ya cumplió. Votó. Paga sus impuestos. …
