La vasta red consular de México en Estados Unidos —la más grande del mundo para un solo país— osciló históricamente entre la protección comunitaria y la influencia estratégica. Desde el veto a condados racistas en el Programa Bracero hasta el impulso de la naturalización en los años 90, la diplomacia mexicana se basó en el empoderamiento de su diáspora. No era injerencia, era defensa institucional. Sin embargo, el obradorismo corrompió esta tradición, desviando el aparato consular para convertirlo en un …
