El jueves empieza el Mundial. Debería ser la semana de los estadios, los himnos y la ilusión de que el futbol suspende, por unas horas, la pesadez del mundo. Pero el torneo arranca con una variable ajena al guion sentimental de los aficionados: Irán acaba de lanzar misiles contra Israel y Estados Unidos —uno de los países anfitriones— está metido de lleno en la confrontación con Teherán. Conviene ordenar las piezas. La primera es que esta crisis militar no ocurre …
