En alguna de mis primeras colaboraciones en este espacio planteé una pregunta: ¿para qué quiere Sheinbaum tanto poder? La formulé cuando las reformas constitucionales comenzaron a transferir a la presidenta el control de instituciones que construimos durante casi tres décadas para equilibrar el poder presidencial y limitar sus excesos. Desde entonces, hemos constatado que esa acumulación no necesariamente se ha traducido en capacidad o voluntad para gobernar. La prioridad política se ha enfocado en modificar reglas, desaparecer o reconfigurar instituciones …
