Imaginemos dos ciudades vecinas. La primera se llama Santa Esperanza. Ahí ocurren constantemente ataques armados, homicidios múltiples y hechos de alto impacto. Los medios nacionales hablan de ella todos los días. Las estadísticas de violencia son elevadas y la percepción ciudadana es de crisis permanente. La segunda se llama Villa Serena. Está a apenas 30 minutos de distancia. Sus cifras de homicidio son sorprendentemente bajas. Prácticamente no hay homicidios y sus autoridades presumen que viven en una realidad completamente distinta. Sin embargo, …
