Desde 1977 reviso los informes presidenciales. Un compañero de escuela seis generaciones arriba de la mía, Jorge Pulido, colaboraba en la extinta Secretaría de Programación y Presupuesto. Pasé a visitarlo y me despidió con una caja de siete tomos, los mismos entregados al Congreso. Así empecé el vicio de leerlos y coleccionarlos. He visto evolucionar esa documentación, de un ejercicio auténtico de mostrar cuentas, mostrando en aquel entonces la adopción de presupuesto por programas, a lo que hoy tenemos. Mi …
