Durante décadas dimos por sentado que el riesgo nuclear era un remanente de la Guerra Fría: un escenario histórico relegado a documentales y debates académicos, no a la política contemporánea. Pensamos que, pese a conflictos, habíamos domesticado las armas más destructivas jamás creadas. Esa convicción ahora se resquebraja. El andamiaje jurídico que otorgó previsibilidad al poder nuclear se desmantela. Desde febrero de 2026, no existe un tratado que limite formalmente los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, los dos …
