La frase no estaba mal, era el diagnóstico correcto de un país donde la desigualdad parecía una condición permanente, sin importar quien gobernara. Millones la escucharon y creyeron en ella, no por ingenuidad, sino porque describía algo real que otras fuerzas políticas llevaban décadas sin nombrar con esa claridad. El problema no fue el diagnóstico, fue la distancia entre lo que se prometió y lo que se construyó. Se desmantelaron los contrapesos que habrían permitido verificar si los pobres realmente …
