Los dos lunes pasados participé en las manifestaciones convocadas por el caso de Ernesto Ruffo Appel. La primera, frente a la delegación de la Fiscalía General de la República en Tijuana. La segunda, una semana después, en las oficinas de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. En la primera acudieron alrededor de 400 personas. Siete días después apenas llegaron unas 150. Ahí entendí que el principal adversario de cualquier causa no siempre es el poder. Con demasiada frecuencia, es …
