¡Ah, Chihuahua! Para seguir con el tema, también le cayó el mundo exterior encima a la presidenta Sheinbaum al hacerse pública la realidad de la participación en México de las agencias estadounidenses en operativos contra los cárteles: tres, sólo este año, revela Los Angeles Times. Pero Sheinbaum parece decidida a mantener distancia (en público) de esas operaciones. Pero si esa distancia fuera real, la presidenta quedaría como ignorante de una realidad nacional conocida por muchas habitantes de los territorios en que los cárteles ejercen brutales funciones de mando y soberanía real, si bien ahora bajo fuego de fuerzas regulares mexicanas, acompañadas de agentes estadounidenses. Y si en realidad sí ha estado en el asunto en la eliminación del Mencho -con participación estadounidense- y, ahora, de las circunstancias de la muerte de dos agentes de la CIA en las operaciones en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, entonces ha vuelto a caer en la falsificación de la realidad con costos crecientes.
Soberanía. Y es que preguntarle y pedirle explicaciones a Trump sobre lo que pasa en el estado mexicano de Chihuahua -como López Obrador le preguntaba a Biden qué había pasado en Sinaloa cuando se llevaron al Mayo Zambada- es asumir que sus gobiernos no han ejercido, en la práctica, la soberanía que defienden verbalmente. Ni frente a los cárteles, que dominan soberanamente estados, ciudades, llanos y serranías, ni frente a las agencias estadounidenses cuyas acciones conjuntas con Estado mexicano -que incluye gobiernos locales-, lo que la presidenta dice ignorar.
Partidización. Con la salvedad de análisis serios sobre presuntos acuerdos locales de colaboración con la CIA, la presidenta hace mal en pretender sacar provecho partidista de las revelaciones del accidente de Chihuahua contra una gobernadora proveniente de un partido de oposición, con la mira puesta en las próximas elecciones estatales.
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