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Un Mundial con despedida y oxígeno de triunfo

Narcotizante y desánimo. El desempeño de la selección este jueves trajo una bocanada de oxígeno contra el desánimo extendido y diversificado en el país. Cierto, los efectos de los espectáculos mediáticos suelen ser de corto plazo. Y pueden desvanecerse frente a rivales de mayor jerarquía. La sociología funcionalista estadounidense de mediados del siglo pasado ubicó estos efectos en una suerte de disfunción "narcotizante" de los medios. Y aun suponiendo que el mexicano se desconecte de la realidad, como se afirma, a lo largo del campeonato, lo cierto es que ello no impide su regreso a la conversación pública sobre los temas críticos de la actualidad. 

Dominio. Repartida su sede entre los tres países asociados en lo que se perfiló como la mayor zona comercial del planeta, este Mundial trae aires de despedida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en vigor desde 1994, con su réplica en el TMEC de 2018 o las siglas en uso en Estados Unidos y Canadá. Y del regreso a la época de los acuerdos y desacuerdos bilaterales bajo la rectoría del vecino gigante.

Una frágil portería. La situación se extiende a la seguridad de la región frente al poder de los cárteles. Pero el inicio del Mundial no hace ignorar el nuevo emplazamiento de Trump, para perforar la frágil portería mexicana y penetrar el territorio mexicano para acabar con los cárteles y, la novedad: llevar a juicio en Estados Unidos a los socios en el poder político de los consorcios criminales protegidos por el régimen mexicano.

Barrido, no borrado. Pero el cambio de apocada también se aprecia en el paisaje de descontento de las inmediaciones del Azteca, así como en la impresionante movilización paramilitar para detener. Un descontento barrido de los medios por nuestro triunfo contra Sudáfrica. Pero no borrado de la realidad.

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